
El ex-abogado, ex-terrorista de la RAF y reciente converso neonazi Horst Mahler lleva ya cuatro semanas midiendo su nuevo Lebensraum en su celda de la cárcel de Cottbus-Dissenchen. Como además no fue capaz de cerrar la bocaza durante el proceso, y encima se despidió de sus coleguis brazo en alto y con un sonoro "Heil", se han sumado nuevas denuncias a la que le llevó al trullo, y es de suponer que tardará más tiempo en salir del que en principio tenía previsto.
Y el caso es que lo tenía todo para convertirse en una estrella mediática: figura emblemática de grupo terrorista de glam setentero; luego arrepentido y acogido por distintos políticos de distintos partidos hasta recalar en la ultraderecha; mucha, pero mucha seguridad en sí mismo y en los rudimentos de la retórica... en fin, todo lo que, por lo menos en gran parte del mundo occidental, se necesita para forrarse vendiendo libelos de diverso pelo, escribir en medios periodísticos de diversa estofa, dar conferencias en universidades o tener una tertulia radiofónica, por poner un ejemplo.
En único que le ha fallado a Mahler su sentido de la estrategia es en intentar hacer lo mismo que otros han conseguido con éxito en otras latitudes en un país que (todavía, por lo menos) se toma muy en serio la protección de la democracia contra los que intentan dinamitarla desde dentro. Nos quedamos esperando a que, en nuestro país, llegue un momento en que carreras parecidas a la de Horst Mahler tengan también finales similares.

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